La Historia de la Comunidad Indígena de Tlajomulco

Cuentan los antiguos que, hacia el año 1578, comenzaron a formarse los primeros asentamientos en el territorio que hoy conocemos como Tlajomulco. Aquel lugar estaba habitado por familias pertenecientes a la cultura huichol, cuyo lenguaje cotidiano era el nahual. Su vida espiritual giraba en torno a la religión católica, y su centro más sagrado se ubicaba justo donde actualmente se levanta el Templo de la Purísima. Allí, en ese mismo punto, se encontraba también el panteón, rodeando el sitio de oración como símbolo de unión entre la vida y la muerte.

Los habitantes vestían calzón y cotón de manta, prendas sencillas pero llenas de identidad. Con el tiempo, cuando la ciudad comenzó a expandirse y necesitaron salir de Tlajomulco, adoptaron el uso del pantalón, no por moda, sino por necesidad práctica.

Su territorio abarcaba un extenso espacio compuesto por Tlaxomulco, Caxititlán, el pueblo de Cuescomatitlán y los sitios de Atotonilco, Muyután, La Cofradía y El Platanal, según los registros del año 1772.

La vida en aquellos tiempos estaba profundamente ligada a la tierra. Su principal sustento era el carbón, pues la mayoría eran carboneros que extraían este recurso del Cerro Viejo. Además, criaban ganado, sembraban sus alimentos y realizaban múltiples labores del campo. Tan importante era el carbón para la región que, en 1930, el presidente Lázaro Cárdenas decretó que sería el único recurso sustentable de Tlajomulco.

La comunidad practicaba los tequios, jornadas de trabajo colectivo dedicadas a conservar sus tierras. En esos días construían guardarrayas para prevenir incendios y cuidaban los predios que pertenecían a todos. También recolectaban goma de mezquite, la cual utilizaban para la loza y para hacer trueques con otros pueblos.

Poseían un profundo conocimiento de las plantas curativas del Cerro Viejo. Ese saber ancestral ha sido preservado en un libro cuyos autores son Tomás Totolapa Rentería, Jesús Guerrero Cruz y Arturo Macip Ardavín.

Algunos miembros de la comunidad emprendían largos viajes por meses. Partían hacia Bahía de Banderas, San Blas, Puerto Vallarta y otros destinos. Compraban productos como juguetes u otros artículos en un pueblo y los iban vendiendo en el camino, sosteniendo así su economía y manteniendo vínculos comerciales con distintas regiones.

Entre las primeras familias que formaron y dieron vida a la comunidad se encuentran los Totolapa, Juanpedro, Joya, Pacas, Chitica, Maravel, Fontanillo, Salcidos, Zúñiga, Padilla, Gutiérrez Solano, Bobadilla, Ponce y Ureña, entre muchas otras.

Las celebraciones eran un reflejo de su creatividad y unión. Para bodas y fiestas preparaban el mezcal tamal, un pan de maíz con calabaza envuelto en hojas de milpa, que servía como pastel; y el mariagorda, un atole blanco que dejaban espesar hasta poder cortarlo como gelatina. En las bodas, era tradición que las mujeres de distintas familias se reunieran para apoyar en la preparación de los alimentos: pipián, adobos y otros platillos que llenaban de aroma y sabor cada festejo.

Así, entre trabajo comunitario, saberes ancestrales, viajes, celebraciones y una profunda conexión con su territorio, fue tejiéndose la historia de esta comunidad indígena, cuyas raíces siguen firmes en la memoria de Tlajomulco.